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Siempre hay luz al final del túnel

Dos meses sin escribir, y no porque no me hayan pasado cosas. Precisamente ha sido un verano convulso, con sentimientos contradictorios.

La marcha de Martín de mi cama y el destete han pasado factura. Al principio nostalgia, tristeza, luego enfado, desconcierto, falta de identidad… Es complicado este universo de la maternidad, porque donde antes me faltaba “mi niño”, a veces me ha “sobrado” (suena mal, pero no encuentro otro modo de expresarlo mejor).

He experimentado con fuerza la necesidad de volver a ser mujer. No es que haya dejado de serlo, pero la madre ahogaba a la mujer, y la lucha de esta última por salir a flote ha durado lo suyo.

Se resiente la identidad, se resiente la pareja, se resiente la vida familiar… Pero todo tiene cura. He buscado mis ratos de soledad, de pasear, de oír música, de escribir, de “escapar” de aquello que a ratos me ahogaba. Hasta que dije ¡basta! y aquí me hallo. Tratando de aceptar que tengo un hijo de 5 años que ya no me necesita de la misma manera, pero que no para de reclamar mi atención. Tratando de recuperar esa magia que creemos olvidada en la pareja pero que está, y sólo hay que sacar a flote. Intentando ser mujer y madre. La de ahora.

Nunca me había separado de mi hijo más de una noche, y acabo de pasar tres días y cuatro noches sin él. Pensé que no lo llevaríamos bien ninguno de los dos, pero para mi sorpresa ha sido genial. No me he sentido angustiada, y él ha estado feliz con sus abuelos. Hemos hablado todos los días y por fin hoy nos hemos reencontrado. No hace falta prepararse para estos momentos. Llegan cuando tienen que llegar. Y para mí, que tengo a los abuelos lejos, que no tengo ayuda en el día a día y lo hago todo con mi pequeño, ha sido un oasis, un respiro, una tranquilidad, porque se que, cuando lo necesite, podemos separarnos sin traumas. Y lo mejor es que todos vienen encantados (Gracias mamá, gracias papá)

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Todos los días se aprende algo y yo este año estoy creciendo como mujer y como madre. Porque siempre hay luz al final del túnel…

 

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